martes, 4 de septiembre de 2018

Los peligros de perder el asombro
Abandonada por los incas a finales del siglo XVI, y desconocida para los conquistadores, esa ciudad aislada en lo alto de los Andes peruanos permaneció perdida para todos, salvo para unos pocos. Al comienzo del siglo veinte, su descubrimiento por parte del mundo exterior llevó a innumerables estudiosos y turistas al lugar.
Tras décadas de investigación, “algunas personas pensaron que habían encontrado todo lo que se podía encontrar en Machu Picchu”, dice Ciro. “Cuando la gente piensa que ya se ha hallado todo o que ya se hizo todo, abandonan o desvalorizan el objeto o el esfuerzo”.
Ciro se preocupa de que esa misma actitud de indiferencia ocurra en la Iglesia. Él ha visto cómo el tiempo y el hecho de que sea algo con lo que ya están familiarizados, puede llevar a algunos miembros “…a asombrarse cada vez menos de una señal o prodigio del cielo, de tal modo que [comienzan] a endurecer sus corazones, y a cegar sus mentes y [empiezan] a no creer todo lo que [han] visto y oído” (3 Nefi 2:1).
Esa pérdida de asombro puede conducir a que los miembros sean susceptibles a las mentiras de Satanás, tales como: No tienes que escuchar a ese discursante, ya lo sabes todo. No tienes que ir a la Escuela Dominical, ya has oído esa lección antes. No tienes que estudiar las Escrituras hoy, no hay nada nuevo en ellas.
“De este modo Satanás… se [apodera] del corazón de los del pueblo” (3 Nefi 2:2).
No es raro experimentar altibajos en el entusiasmo por aprender el Evangelio, pero aquellos que permiten que una breve pausa en el aprendizaje espiritual se alargue hasta convertirse en un estilo de vida, están en peligro de perder “aun lo que tuvieren” en conocimiento espiritual (2 Nefi 28:30; véase también Mateo 25:14–30).





















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